Perú

Mi experiencia en Cajamarca

 

Cuando viajamos a Perú en el mes de octubre, visitamos nuestra escuela y nuestros proyectos, pero también recorremos zonas próximas a Cajamarca, cuatro, cinco o seis horas en un todo terreno , para conocer sus necesidades.

         Salir de la ciudad de Cajamarca y adentrarnos en la cordillera de los Andes, es algo mágico. Los paisajes son sobrecogedores . La belleza es extraordinaria y es verdad que hay momentos en los que falta la respiración; y falta la respiración no por la altura: 3500,4000, 4200m, sino por la majestuosidad de sus montañas, por el azul intenso de su cielo, por los niños que encontramos en los caminos cuidando ganado, recogiendo leña o caminando hacia la escuela, falta la respiración porque todo lo que nos rodea es magnífico.

         Para mí la experiencia de conocer Perú ha sido una de las más importantes e impactantes de mi vida.

         Durante el mes de estancia en Cajamarca tanto este año como el pasado, salí varias veces a la sierra para compartir con los profesores de esas escuelas a las que casi nadie llega, algunas técnicas de animación a la lectura y de ortografía. La primera vez iba preocupada, nerviosa. No sabía cómo iban a recibirme. Muchos de ellos habían caminado una o dos horas para participar en ese taller. Para mí era una gran responsabilidad. Todos mis miedos se acabaron nada más llegar.

         Me encontré con unos profesores ilusionados por aprender cosas nuevas, entusiastas y orgullosos del trabajo que realizan con sus alumnos aún cuando las condiciones son en la mayoría de los casos totalmente adversas. Me encontré con unos profesores que me recibieron con cariño y me hicieron sentir en mi casa y en mi escuela.

         He conocido pueblos con nombres preciosos: Quengomallo,  Chetilla, Yanacancha, Sorochuco etc. y escuelas muy diferentes, algunas aisladas pero recién construidas por el gobierno peruano , otras, tremendamente pobres donde no hay ni siquiera pupitres, sólo sillas de distintas épocas y modelos, suelos de tierra y una pizarra pintada en la pared, algunas en las que el frío se cuela al interior por los huecos de sus muros etc, pero en todas ellas hay calor. El calor de los niños que acuden contentos aún sin haber desayunado más que una infusión y el calor de unos profesores que los reciben cada mañana con la ilusión de despertar en ellos la necesidad y el gusto por aprender, por hacer de estos niños que hoy caminan descalzos, hombres y mujeres que en el futuro puedan trabajar por un Perú distinto, por un Perú mejor.

         Es posible que alguno de estos profesores piense que ha tenido suerte por poder participar en estos talleres  y aprender alguna sencilla técnica de animación a la lectura pero yo sé que la suerte la he tenido y espero seguir teniéndola yo. Lo que he recibido de todos los maestros, de las gentes de la sierra y de mis amigos de Cajamarca es algo muy importante para mí. Es algo que me hace sentir feliz cuando estoy allí y cuando regreso a mi casa, a mi trabajo, a mi vida de cada día.

         Me han regalado su amistad.

Pilar Muñoz.

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